Las funciones de los orgasmos



ÍNDICE


Prólogo: Los preparativos de la noche de bodas

Capítulo 1: En el último peldaño de la escalera

Capítulo 2: Explorando los últimos peldaños de la escalera del nacimiento

     - Nuevas perspectivas emergentes

     - El reflejo de eyección del feto

     - Escalando la cima

     - El momento crucial

     - El poderoso flujo hormonal

     - El auténtico clímax

Capítulo 3: Años 70, un punto de inflexión

     - El punto de inflexión personal

     - La socialización del nacimiento

     - Cuando la institución médica toma el control

     - Iniciativas locales dispersas

     - El contexto científico de los años 70

Capítulo 4: Los hombres también tienen orgasmos

     - El camino de la simplicidad a la complejidad

     - El sexo uni-orgásmico

     - Sensaciones transmitidas por los nervios genitales

     - Mensajes transmitidos por la oxitocina

     - Morfinas naturales

     - La familia de la adrenalina

     - Mensajes transmitidos por otras sustancias

     - La era de la imagen cerebral

Capítulo 5: De Gilgamesh a la toma de consciencia del siglo xxi

     - Documentos milagrosamente preservados

     - El control cultural de los estados orgásmicos

     - Saliendo de un largo túnel

     - ¿Es realmente patológico enamorarse?

Capítulo 6: La Vía Láctea

     - El fin de los tabúes

     - La interpretación científica de la «Vía Láctea»

     - ¿Puede el bebé experimentar éxtasis o incluso un estado orgásmico?

     - Cómo el entorno cultural interfiere en la «Vía Láctea»

     - Cuando las instituciones médicas toman el control

Capítulo 7: Las diferencias entre los sexos

     - De la fisiología a la mitología y los proverbios

     - El íntimo vínculo entre la oxitocina y las hormonas femeninas

     - El íntimo vínculo entre la vasopresina y las hormonas masculinas

Capítulo 8: La vía rápida hacia la trascendencia

     - Escapando de la realidad espacio - tiempo

     - Estados emocionales trascendentales

     - Estados emocionales preprogramados

Capítulo 9: Bonobos, delfines y humanos

     - Más allá de los prejuicios

     - Una nueva visión de la naturaleza humana

Capítulo 10: Ventajas evolutivas de la orgasmofobia

     - Vergüenza, culpa y miedo

     - El control cultural de la sexualidad genital

     - El control cultural del nacimiento

     - El control cultural del acceso a la trascendencia

Capítulo 11: Orgasmos legendarios

Capítulo 12: El futuro del Amor: un escenario pesimista

     - La ventana

     - Dos tipos de nacimientos

Capítulo 13: El futuro del Amor: un escenario optimista

     - Nuevos criterios para la evaluación de las prácticas obstétricas

     - Invirtiendo los condicionamientos culturales actuales

     - Mientras tanto…

 

Capítulo 1: En el último peldaño de la escalera

Todos los episodios de la vida sexual humana pueden alcanzar un clímax, una cúspide. Es importante recordar que la palabra griega «clímax» originalmente significa «escalera». Toda escalera tiene un punto culminante. En este libro vamos a hablar de la cúspide de las escaleras.

Empezaremos centrando nuestra atención en tres situaciones concretas: el «reflejo de eyección del feto», los orgasmos genitales masculinos y femeninos y el «reflejo de eyección de la leche». Nuestro objetivo es ir más allá de la simple explicación del papel que juegan en nuestra vida estas situaciones culminantes, como el transporte del esperma hacia el óvulo en el momento de la concepción, la salida del bebé a través de las vías genitales maternas durante el parto o la eyección de la leche durante la lactancia. Veremos estas situaciones cumbre como intensas respuestas en todos los niveles del sistema nervioso y endocrino, como cambios en los niveles de consciencia, como posibles sendas para escapar momentáneamente de la realidad mundana de espacio y tiempo y, finalmente, como vías para alcanzar estados emocionales que podemos calificar de trascendentales.


No dudaremos en utilizar la palabra «orgasmo». De esta forma haremos alusión a la investigación del pionero Wilhelm Reich, que tuvo la valentía de publicar el libro «La función del orgasmo» en el contexto científico de los años 40(1). En esa época, la palabra todavía era considerada tabú, aunque Aphra Behn —primera escritora profesional inglesa— introdujo el vocablo en su lengua en el año 1684 en su poema «The disappointment», en el que habla del estado emocional experimentado por una mujer después de un acto sexual en el que no consigue llegar al «orgasmo». Nuestro objetivo, de hecho, es reescribir «La función del orgasmo» en un nuevo contexto científico, lo cual nos llevará, inevitablemente, a ampliar el tema. Wilhelm Reich se centró en la sexualidad genital, aunque conocía también la existencia del trabajo de Helen Deutsch —primera mujer que se graduó como médica en la Universidad de Viena y miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Viena—. Helen Deutsch, que había dado a luz y amamantado a sus bebés, consideraba el acto sexual y el parto como dos fases de un mismo proceso separadas solamente por un determinado intervalo de tiempo: «De la misma forma que el primer acto contiene elementos del segundo, también el segundo está impregnado de los mecanismos de placer del primero. Creo incluso que el acto de dar a luz representa la culminación del placer sexual…». Es más, según sus palabras, amamantar es «un acto de disfrute sexual en el cual las glándulas mamarias intervienen como zonas erógenas»(2).

También profundizaremos en el tema que nos ocupa mediante alusiones ocasionales a las similitudes entre los estados orgásmicos y otros estados extáticos. Hasta hace poco, la cultura occidental moderna ha ignorado tales similitudes, aunque formaron parte de la cultura oriental durante la época de las Maestras Tántricas y también estuvieron presentes en otros lugares del mundo durante la era de las prostitutas sagradas(3). La escritora Una Kroll subrayó de forma elocuente los vínculos entre una gran variedad de estados extáticos. Tuvo cuatro hijos y a lo largo de su vida fue religiosa, médica y sacerdotisa. Con ese bagaje de experiencias, escribió: «Los instantes de éxtasis se han repetido como momentos de gracia a lo largo de mi vida… El éxtasis de la unión sexual es de la misma naturaleza que el que se puede alcanzar en la plegaria»(4).


Aphra Behn, Helen Deutsch y Una Kroll tienen en común el hecho de ser mujeres. También Niles Newton, quien, durante los años 50, intuyó, después de ser madre por primera vez, que la oxitocina tiene efectos sobre nuestro comportamiento(5). Hasta ese momento, sólo se habían tenido en cuenta los efectos mecánicos de esta hormona, concretamente los efectos en las contracciones uterinas que posibilitan el nacimiento del bebé y el alumbramiento de la placenta, y también los efectos en las células especializadas del pecho que hacen posible el reflejo de eyección de la leche. Gracias a la evolución de nuestros conocimientos, actualmente sabemos que la oxitocina es el eje central de todos los estados orgásmicos y extáticos. Hoy se considera la oxitocina como el principal componente del «cóctel de hormonas del amor» que se libera durante cada episodio de nuestra vida sexual. Y puesto que estamos hablando del papel crucial de las mujeres para ayudarnos a comprender los estados orgásmicos, no podemos olvidar a Candace Pert, quien, en 1973, demostró la existencia de receptores opiáceos en el cerebro. Con ello, abrió el camino al descubrimiento de los opiáceos naturales comúnmente llamados endorfinas(6). Éste fue un paso importante en nuestra interpretación de los estados extáticos en general. También en los 70, Regina Lederman publicó sus estudios sobre los efectos inhibidores producidos durante el parto por las hormonas de la familia de la adrenalina(7).

En este grupo de pioneras también debemos incluir a Kerstin Uvnäs-Moberg, madre de cuatro hijos. Su equipo de investigadoras del Instituto Karolinska de Estocolmo es probablemente el más activo y productivo del mundo por lo que respecta a la investigación de las propiedades de la oxitocina. Su equipo es único porque todas sus componentes son madres: Anne Marie Widstrom, Eva Nissen, Anna Berit Ransjo-Arvidson, Ksenia Bystrova, Wibke Jonas, Ingela Wiklund, Marianne Welandria, Anne Sofi Matthiesen, Berit Sjogren y Maria Pettersson han disfrutado personalmente de la experiencia de dar a luz. 


Parece obvio, pues, que muchas mujeres se dan cuenta de la importancia de determinadas cuestiones que tradicionalmente nunca han atraído la atención de los círculos científicos dominados por los hombres. Es como si hubiera una manera típicamente femenina de evaluar la importancia comparativa de las distintas perspectivas en la exploración de la naturaleza humana. Todas las hipótesis científicas están basadas en parte en el conocimiento intuitivo, y el conocimiento intuitivo tiene que ver con el género. Hasta hace muy poco, el mundo científico estaba dominado por hombres en su práctica totalidad. Ahora estamos entrando en una nueva fase en la historia de la ciencia en la que habrá un mayor equilibrio en las aportaciones de hombres y mujeres. Esta nueva fase está íntimamente relacionada con el advenimiento de «La Cientificación del Amor»(8). El amor ha sido tradicionalmente un tema tratado por poetas, novelistas y filósofos; hoy en día, es estudiado desde múltiples perspectivas científicas. En este contexto, pues, ya no podemos hablar del amor y plantearnos cómo se desarrolla la capacidad de amar sin tener en cuenta la importancia del período que rodea el nacimiento. Todas las disciplinas implicadas en la cientificación del amor sugieren que el amor maternal es el prototipo de todas las facetas del amor. Una mayor colaboración y simetría entre las aportaciones de ambos géneros es el requisito previo para el desarrollo de un aspecto tan vital de la revolución científica.

Por múltiples razones, trataremos en primer lugar el reflejo de eyección del feto. La primera de ellas es que, después de miles de años de partos controlados culturalmente, muy pocas personas —incluyendo los defensores del parto natural— pueden imaginar exactamente de qué se trata. En segundo lugar, la comprensión del funcionamiento del reflejo de eyección del feto facilita el estudio de los demás estados orgásmicos/extáticos en el contexto científico actual. Debemos añadir que este «clímax» es probablemente el más alto de entre todas las posibles escaleras a las que la humanidad pueda subir. Además, ésta es la faceta del poder orgásmico humano que habitualmente se perturba y reprime más profundamente. Debemos también tener en cuenta que nuestro objetivo principal ha sido reescribir «La función del orgasmo» en el contexto científico del siglo xxi. Por ello, hemos decidido empezar precisamente explicando las similitudes entre el acto de dar a luz y los orgasmos genitales, que Wilhelm Reich no pudo percibir con facilidad en los años 40.


Estudiar las funciones de los orgasmos en la era de «la cientificación del amor» nos lleva inevitablemente a referirnos a los avances tecnológicos más recientes, que están convirtiendo a las «hormonas del amor» en algo inútil. Por ejemplo, la cesárea se ha convertido en una intervención más simple, rápida y segura de lo que había sido nunca antes. Más todavía, ahora tenemos a nuestra disposición sustitutos farmacológicos de las hormonas femeninas preprogramadas para ser liberadas durante el parto, y esos sustitutos son seguros y efectivos. Por todo ello, la humanidad se encuentra hoy en una situación sin precedentes. Hasta hace poco, a pesar de que todas las culturas hayan perturbado profundamente los procesos fisiológicos del nacimiento, la mujer tenía que liberar forzosamente un complejo cóctel de hormonas del amor para traer al mundo a un bebé. Hoy en día, el número de mujeres que da a luz contando sólo con sus propias hormonas naturales es ínfimo. En este momento clave de la historia de la humanidad, quien esté interesado en el futuro de nuestra especie debería preguntarse: ¿Durante cuánto tiempo podrá la especie humana sobrevivir sin Amor?


© Editorial Olinyoli México,  2018