Saltando las olas


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ÍNDICE

Prólogo

Introducción  

Parte I

- En el vientre de la madre  

- Concebir ser padres

- Desarrollo intrauterino  

Parte II

- La teoría de los embudos  

- La individuación como proceso

- Sobre la importancia del contacto  

Parte III

- Sobre círculos y triángulos  

- El cuerpo

- 66 croquetas  

Parte IV

- Bacalao al pil-pil y la perspectiva de los egipcios  

- Fantasía y realidad

- El pulso de lo vivo  

- Rompiendo silencios

Parte V  

- Epílogo

- Claves para una reflexión  

- Bibliografía

Introducción
Parece que la introducción a un escrito crece en responsabilidad, si piensas que son las letras que el futuro lector ojeará  para decidir o no devolverte cerrado a la estantería. Sin duda es un aprieto, pues uno (en este caso una) intentó no quedar cara a la pared y espera la caricia del peso de unos ojos.

Al menos soy consciente de que hay quien no lee nunca las  introducciones, por lo que su mirada irá a parar a cualquier rincón del alma, caso de  que los libros tuviesen alma, algo bastante probable si pensamos que tienen también vida propia o, cuanto menos, capacidad de arrebatarnos la nuestra y sumergirnos en sus historias.Sinceramente, y para no hacer perder su tiempo a quienes vayan buscando otra cosa, diría que éste no es un ensayo científico, aunque sí con ciencia. Palabra que echa a andar, y a un salto de ella misma abre la máxima aspiración de quien suscribe: concienciar. Expresar, informar desde la ciencia. Favorecer una conciencia crítica es parte del compromiso que los profesionales de la salud tenemos con la prevención. Es nuestra responsabilidad en el hecho de transmitir conocimiento, sensibilidad y herramientas para evitar el sufrimiento humano, facilitando argumentos  para que el cuestionamiento y el análisis permitan una toma de postura. 

A este libro ni se le ocurre la pretensión de ser un manual de exactitudes, más bien intenta ser un libro de imágenes. Tal vez, esta expresión más apropiada para una pintura que para un amasijo de letras, choque un poco aquí. Pero realmente éste ha sido el esfuerzo. La intención (no sé hasta qué punto conseguida) fue en todo momento  construir  a partir de las palabras una imagen visible del niño y la niña que están creciendo. El dicho una imagen vale más que mil palabras encierra una gran parte de verdad. Las cosas que cobran claridad, las ideas cuando se hacen evidentes, tienen una fuerza que nos penetra con profundidad. Nuestra verdad es aquello que vemos cuando miramos dentro de uno; por eso mismo nos constituye. 

Como persona y profesional tengo mis verdades, una forma de ver y concebir la lógica de los procesos en la salud o en la patología. Una manera de entender, de acercarme a la vida y a su desarrollo, y es desde ahí que me comunico. Una de estas certezas la aprendí de W. Reich, quien se atrevió a decir que el ser humano es el único animal que teme sus emociones y es incapaz de aceptar su propia naturaleza; huye de ella. Para mí este temor que amaina la intensidad de la vida es algo cierto, pues me reconozco en la lucha constante, y son muchas las veces que me acuesto preguntándome hasta qué punto ese día que pasó lo apuré a fondo. Como también sé, porque una parte significativa de mi trabajo se centra en la Psicología Clínica, lo difícil que resulta amarse a uno mismo, entero con todo su miedo, con toda su rabia, con todo su deseo. Y veo en quienes me permitieron acompañarles el despertar del respeto y el afecto por la Vida que habita en su interior. 

Al abordar la imagen de un proceso en continuo movimiento, como es la maduración, el que salga desenfocado suele ser un precio a pagar. Pero un minucioso trabajo detallista escaparía los márgenes de este proyecto, por eso quizá peque de un cierto desorden para los amantes de la rigurosa continuidad. No obstante es intencional no centrar la atención demasiado tiempo, en el intento de no detener su fluir. Quizá por ello, más de una vez tuve la sensación de estar nadando en un torbellino. Como sentada ante un tapiz enorme de finos hilos de colores, al ir deshilachando, estirando de ellos se desfigura el color, y los dibujos perdiendo la forma, desaparecen mientras desenredo. Buscando probé a estirar una menor cantidad de hilos, pero esta reducción no siempre permitía mostrar el complejo camino de la interrelación. Y así me vi balancear como subida en un columpio, entre lo demasiado simplista y lo demasiado confuso. 

Como en cualquier camino hubo, pues, subidas y bajadas. Momentos en los que encontré un terrorífico vacío de palabras hasta llegar a lo que pretendía decir, topando con la dureza, tal vez menospreciada, de la estrechez de la deformación profesional que nos restringe a la propiedad de un lenguaje específico. Fue bueno para reflexionar hasta qué punto los moldes rígidos de las disciplinas cada vez más excluyentes, de los "paradigmas” cada vez más unicistas, acaban llevándonos no sólo a una profunda incomunicación entre colegas, sino también a una absoluta incapacidad para poner los conceptos y aportaciones que disponemos en las palabras que usamos al hablar. Trasladarlas al plano del barrio, donde precisamente vive la gente, hacerlo sin por ello perder en rigurosidad, más coloquial, próximo y fácil de entender o rebatir. Y es que constantemente encuentro un increíble desfase entre los avances  teóricos y la información que se maneja en la calle, en la escuela, en los hospitales o sencillamente en casa.  No puedo dejar de lado la sensación de que si bien muchas cosas están dichas, muy pocas son sabidas. Es como si los oídos estuvieran sordos, o las palabras huecas, o todo alcanzó tal grado de sin-sentido que no damos más que vueltas y vueltas, como en las norias. Parece como si realmente el saber  se tornase improductivo, y agonizando en la cabeza o en la letra impresa, se queda en la superficie, no atraviesa la conciencia social. Por eso quisiera intentar penetrar la piel al menos con lo que ya sabemos, incluso con lo que soy capaz de intuir, en una especie de homenaje a quienes vieron por delante. 

Este escrito, como dije, surge pues del intento de primar la sencillez en cuestiones y conflictos arduos y complejos que han merecido años de estudio y reflexión desde las diferentes ciencias que abordan la Salud y Educación. El hecho de que en estas páginas no abunden las citas  ni las referencias bibliográficas  tiene la intención de facilitar la lectura  y la uniformidad del lenguaje. Las obras y  autores se pueden encontrar en el apartado de Bibliografía, y existe una amplia documentación para quien desee profundizar en algún aspecto concreto. Creo así poder decir que  éste  no es un trabajo de investigación, más bien lo definiría de "recopilación”, y en ese sentido me sé agradecida traductora del saber de otros muchos. Siendo el pensamiento individual fruto  del de otros, me pareció interesante dedicar un capítulo que aportase algunas claves para la reflexión desde el mensaje directo de algunos/as pensadores/as más significativos. Escuchar de sus palabras su sabiduría profunda y  humana puede servirnos de refuerzo y aliento en momentos de dudas y confusión en el quehacer diario de ser padres o educadores. A pesar de que en los primeros capítulos se aborden los inicios, tampoco se tratará aquí el desarrollo sobre un eje de continuidad longitudinal. Como su título, el discurso va saltando, a veces buscando profundidad, otras cogiendo un enfoque y haciéndole girar desde varios ángulos. 

El hecho mismo de plantearse la crianza  no escapa de lo que para cada cual significa configurarse como padre o madre. El concepto de familia, de maternidad y paternidad, viene resituándose  a una velocidad vertiginosa: los métodos de fertilización, los cambios en la definición de género, la liberación  de la adopción, contribuyen entre otras cosas a ello. Asistimos también a la gran  mediatización de la comunicación familiar con la invasión de los multimedia, a través la televisión, internet o los juegos de sofisticada tecnología. El descenso del contacto personal, en directo, frente al aumento de las realidades y relaciones virtuales, son ejemplos de factores con una gran influencia afectiva-social, y los profesionales de la salud y la educación tendremos que afrontarlos para valorar su impacto. Y honestamente no sé hasta qué punto estamos preparados para hacerlo con suficiente objetividad y en toda su envergadura. La evolución de la biología, la complejización del sistema nervioso, del aparato sensorial, de la psicomotricidad, sustentará una estructura igualmente sofisticada a escala psíquica. Desde ese primer hogar situado en el cuerpo del otro, la madre, entraremos a formar parte de otro mayor, la familia, tendiendo cada vez a la apertura, asumiendo espacios más amplios que nos ubican en el sistema social. La evolución nos llevará  de la indiferenciación a una individualidad cada vez más definida, e incluso, transcendida. Del encontrarnos al entregarnos hay todo un proceso de humanización reflejo de nuestra capacidad de evolucionar. 

Avanzamos en proyección al universo, rozando lo intangible, creando y materializando las ideas en un continuo fluir. Pero también lanzamos nuestra inteligencia con tanta fuerza y brusquedad hacia delante que corremos el riesgo de dejar atrás, por el camino, al cuerpo y sus emociones. Producimos compulsivamente, y no sólo por el placer de crear, huyendo de una inquietud y un temor más pegado  a la piel, tal vez recuerdo de lo frágil y perecedero de la existencia. Quizá con estos saltos acabemos demasiado escindidos, desconocidos y ajenos a nosotros mismos. La armonía supone hacer entrar en resonancias variables las numerosas y diversas facetas que resultan  de la personalidad humana. Un análisis del desarrollo social, particularmente en su vertiente científica y tecnológica, basado en el discurso abstracto de su bondad o maldad, no deja de ser un tanto simplista. Cuestionar la existencia del ordenador, de los juguetes mecánicos o de la energía nuclear fuera del uso que hacemos de ellos en mi opinión entra en lo demagógico, al igual que descafeinar la conciencia en aras de una supuesta teoría del "bienestar” que excluya los  cargos a pagar por el progreso. El reflejo de  nuestro avance en  cultura, industria, economía, tecnologías, medio ambiente, sanidad, servicios sociales, legislación, educación..., mirado en su globalidad, visto desde una cierta distancia, presenta una composición más bien disarmónica. El conjunto da la impresión de alargarse por alguno de sus ángulos y permanecer excesivamente comprimido por otros. 

En realidad ninguna generación parece sentirse  suficientemente satisfecha  del legado  que deja en manos de los que le siguen, y quien recoge el relevo tampoco parece tener cara de recibir un buen regalo. Sin ser fatalistas, debemos reconocer que el panorama no es alentador. Tenemos que hacer grandes esfuerzos por mantener el planeta habitable, desconfiamos del "vecino” a escalas que ya rozan los manuales de psicopatología, las enfermedades degenerativas –autodestructivas– han salido al escenario alcanzando cotas cada vez más elevadas. Algo se nos anda escurriendo de las manos cuando la naturaleza comienza a gritar de este modo. Llegar a captar y contrastar todos los colores de los movimientos sociales, económicos o políticos, su interrelación y repercusión en la Salud humana es algo fundamental, pero no el objetivo central de estas páginas. Aquí me he permitido partir de una premisa más simple: El cuidado y respeto del otro y del mundo que nos rodea ahonda sus raíces en el amor y respeto hacia uno mismo. 

Siempre me pareció más sencillo utilizar esta vía de entrada, a escala reducida, para  entender y observar a quien, al fin y al cabo será el ejecutor de acciones de enorme repercusión sobre el planeta, las culturas y la sociedad. Y con sus actos demostrará tanto su coherencia como sus límites. Trasladar el análisis  al contexto de lo primario que nos permite ver cómo se asientan  los cimientos de nuestra humanidad, allá en el origen, cuando se escribía con letras mayúsculas. La complejidad de nuestra especie nos otorga un doble proceso de gestación: por el primero nos construiremos, por el segundo, nos humanizaremos. Y, siendo el proceso de gestación del ser humano, tras haber sido parido, un hecho tan desmesuradamente complejo  como  coherente, nos lleva a sentir que en muchos aspectos  se nos escapa, igual que el vasto mar lleno de vida, riqueza y movimiento. Estas páginas pretenden llegar a ser un intento de aproximación en la comprensión.       

La persona se desarrolla a través de un sendero que supone cambios existenciales cualitativos, pues de ellos surgen nuevas realidades. Estar junto a los niños supondrá resolver una serie de cuestiones, lo que significa tomar posición. Por ello, conocer un poco más a fondo la lógica con que nos hacemos puede servir para hacer que nuestra actitud sea más funcional. Y también más consciente de sus repercusiones, ya que si  bien algunas de nuestras conductas, desde la óptica de los que ya crecimos, pueden parecer poco relevantes, en ellos, un poco más abajo,  llegan a tener un impacto mayor del que incluso pretendíamos. Los adultos tendemos a menospreciar los miedos y las necesidades de los niños porque los enfocamos  desde la propia perspectiva y nos cuesta colocarnos en el otro lado, para mirarlas desde la mirada del niño. En mi opinión estas hojas se dejan leer dando vueltas, no tienen un ritmo impuesto, permiten bailar al ritmo que yo ofrezco o al que cada cual se invente. En ellas  se consideran una serie de temas  que me parecen importantes para encontrar la forma de estar  y tratar  con niños y niñas mientras van creciendo. 

Por  hablar de una relación, a veces el discurso parte desde el adulto; otras, en cambio,  se aproxima a la manera en que piensan y sienten ellos con el fin de tener más de un punto  de vista  y captar la realidad de forma más global. Para no desanimar, lo mejor será saber que no hay recetas que sirvan siempre, pues cada niño o niña, cada edad, cada situación y cada familia son diferentes. Como la puerta que alguna vez me permitió pasar a entender un poco mejor y a resolver con más acierto,  ofrezco lo que tengo, que es mi forma (la presto para que pueda ser usada y cambiada, pues no tiene interés en permanecer intacta), pero no la doy. Cada cual tendrá que encontrar la suya, y para hacerlo, consecuentemente, agacharse un poco a ver la realidad de los pequeños. Creo que sólo a través de la experiencia  directa, del riesgo que supone la espontaneidad,  del vencer el  temor a equivocarse, y especialmente del vencerlo no de cualquier modo sino cada vez mejor preparados, más desde el conocimiento, nos será posible a los adultos superar la gran paradoja por la cual llegamos a sentirnos tan inútiles e incapaces de atender "nuestros más íntimos asuntos.” Debemos aprender a ser padres, al igual que aprendemos a comer, a dormir, a jugar, a vivir o a morir. Institucionalizamos la educación sexual, la educación  para la paz y la educación para la convivencia o la solidaridad en un intento de lograr aprender a ser humanos. ¡Como si todo eso no lo fuésemos, no nos perteneciese por derecho! 

¿Por dónde  entramos en  este laberinto que encierra seres con un espantoso vacío de bagaje existencial? ¿Dónde se encuentra la salida para volver a lo que nos es propio? ¿A dónde iremos lejos de uno mismo? Este andar perdido, esta sensación de no ser, este dolor de quien se siente fuera de uno es algo  que nos acompaña y  que  muchas veces  nos hunde en la resignación de quien ya  no espera cambiar. Esta soledad y desilusión es también una verdad que conozco  y de la que profundamente me lamento. La vi en la mirada confusa e impotente de los padres, en el desespero de los maestros, en los ojos tristes de los niños, en la apatía del adolescente, en los rabiosos golpes sobre el diván de terapia. Y llegó a ser el farolillo rojo por el que me fui metiendo en estas olas.Hablamos de la Vida como una carrera de obstáculos, la afrontamos casi con  la misma  actitud  con que miramos de reojo esa valla rígida e inamovible, cruzada  en el camino,  que sólo puede ser saltada de carrerilla y estirando bien las piernas. Nos miramos pensando si estaremos en forma, suficientemente preparados, si seremos lo bastante duros como para resistir o sucumbiremos. Sabemos que detrás vienen empujando y que no podemos permitirnos  el lujo de la equivocación. 


Apenas se nos ocurre pensar que esta forma de ver las cosas sea un gran error, que la Vida tal vez se parezca más al mar, que los obstáculos sean más bien como sus olas. Las vemos gigantes alzar sus crestas o tenues y delicadas rozar la orilla, tan fuertes  que nos arrastran a empujones o suaves como una caricia por la espalda. Aparecen ante nosotros siempre cambiantes, sensibles  a los vientos y a las estaciones, símbolo del movimiento de la plasticidad, versátil en sus formas y en su color. Viéndolas venir  sabemos que algunas las pasaremos por arriba y otras buceando, que  algunas  nos regalarán la sensación de la cabeza al aire y el cuerpo flojo, mientras otras  nos llenarán de sal y escocerán los ojos. Pues, como dice Maestretta, 
Las olas son como los problemas: a veces uno los libra saltando, a veces hay que hundirse en ellos, tomarlos por abajo para salir bien librado y, a veces, es imposible evitar la revolcada.

© Editorial Olinyoli México,  2018